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REFLEXOLOGÍA – UNA TERAPIA MANUAL
SOBRE LAS PLANTAS DE LOS PIES

La reflexología o reflexoterapia trata las enfermedades mediante la manipulación, presion y terapia manual alternativa sobre las plantas de los pies.



¿Qué es la reflexología como terapia manual alternativa?

La reflexología o reflexoterapia es una disciplina de orígenes muy remotos que trata las enfermedades mediante la estimulación manual de las plantas de los pies; éstas se hallan divididas en zonas que se denominan reflejas porque se les atribuye una relación con partes distantes del organismo. No se sabe a ciencia cierta cómo actúa el tratamiento, pero quienes lo practican suponen que el masaje en esas zonas restablece el flujo de energía que, según se cree, circula por el cuerpo a través de ciertos canales invisibles y cuya interrupción es causa de diversos padecimientos que afectan la salud y el bienestar.

Reflexología

Los pies se consideran como un espejo del organismo: cada uno representa la mitad del cuerpo situada de su mismo lado; las distintas zonas reflejas en que se dividen las plantas corresponden a otros tantos órganos internos y externos; los dedos gordos representan la cabeza, y los demás dedos, los senos paranasales. Al parecer, la reflexología se originó en China hace unos 5.000 años junto con otros sistemas curativos basados en técnicas de presión destinadas a corregir las alteraciones del flujo de energía vital en diversas partes del cuerpo.

También los antiguos egipcios empleaban una forma de reflexoterapia, como lo demuestra una pintura mural del tercer milenio a.C. hallada en una tumba de Saqqará, al sur de El Cairo. Las primeras noticias sobre la reflexología llegaron a Occidente hacia 1913, cuando el otorrinolaringólogo estadounidense William Fitzgerald introdujo la terapia de zonas, forma de reflexología que admite la utilización de instrumentos especiales además de las manos y cuyo tratamiento no se limita a estimular las plantas de los pies.

Fitzgerald dividió la superficie del cuerpo humano en 10 franjas de energía vital, de igual anchura todas ellas, a las que llamó zonas. Dichas zonas parten de los dedos de los pies, suben hasta la cabeza y de allí descienden nuevamente hasta los dedos de las manos. En caso de dolor en un oído, por ejemplo, la terapia de zonas recomendaría aplicar presión en cierto punto situado en la misma zona que ese oído para conseguir un efecto anestésico.

A principios del decenio de 1930, otro médico estadounidense, el doctor Shelby Riley, tuvo noticia de los descubrimientos de Fitzgerald y se interesó por ellos. Pero fue su fisioterapeuta, una mujer joven llamada Eunice Ingham, quien realmente asumió la responsabilidad de continuar efectuando intensas investigaciones en el campo de intervención que ahora conocemos como reflexoterapia.

Después de investigar y trabajar con miles de pares de pies, Ingham confirmó los descubrimientos de Fitzgerald: las partes del cuerpo relacionadas con reflejos se hallaban congestionadas. Y, además, al trabajar sobre dichas zonas durante varias sesiones de terapia, casi siempre se podía restablecer un buen estado de funcionamiento en ellas. Para dar publicidad a la reflexología, en 1938 Eunice Ingham publicó sus hallazgos en un interesante libro titulado Las historias que pueden contar los pies, y fundó un instituto de reflexología con el fin de atender a una multitud de personas interesadas. Empezó a pronunciar conferencias en varias facultades de medicina, y al cabo de unos años estaba enseñando esta terapia por todo Estados Unidos y Canadá. En 1973 fue fundado el Instituto Internacional de Reflexoterapia para fomentar su técnica, ahora conocida como el método Ingham. Desde entonces, la reflexología ha llegado a ser una de las terapias naturales de mayor crecimiento. Actualmente, el sistema de seguridad social de Dinamarca ofrece la posibilidad de seguir esta terapia, siempre que haya sido prescrita por un médico especialista.


Utilidad de la reflexología como terapia manual alternativa.

Aunque los reflexoterapeutas no pretenden curarlo todo, aseguran que el tratamiento puede aliviar numerosas molestias leves, entre ellas la rigidez y el dolor de espalda, ciertos trastornos digestivos, la migraña, algunos trastornos menstruales, la sinusitis, la tensión muscular y el estrés. Empleada como auxiliar del tratamiento ortodoxo, la reflexología también es útil en el caso de padecimientos más graves. No obstante, los propios terapeutas desaconsejan el tratamiento durante el embarazo y en caso de artritis en los pies, diabetes, trastornos cardiacos, osteoporosis, flebitis (inflamación de una o más venas) o trastornos tiroideos.


¿Cómo es una consulta de reflexología como terapia manual alternativa?

Como la reflexoterapia es un arte tradicional respaldado por la experiencia y no por estudios científicos formales, puede prestarse a la charlatanería. Por eso la decisión de consultar a un reflexoterapeuta debe basarse en la recomendación de un experto o de una persona de absoluta confianza que haya comprobado su integridad y su competencia profesional.

Después de un interrogatorio médico encaminado a evaluar sus antecedentes de salud, el terapeuta pedirá al paciente que se recueste cómodamente en un sillón, con los pies descalzos y en alto. Antes de iniciar el tratamiento practicará un examen en busca de enfermedades infecciosas como el pie de atleta, signos de desnutrición o callos (que pueden dificultar la circulación) y, en cualquier caso, recomendará las medidas curativas pertinentes. Luego, tras espolvorear talco en los pies, les dará un suave masaje general para que el paciente se familiarice con la técnica y no sienta cosquillas.

Sea cual sea el trastorno, el terapeuta estimula sucesivamente todas las zonas reflejas de ambas plantas, oprimiéndolas con el dedo pulgar; la hipersensibilidad en alguna de ellas se interpreta como síntoma de desequilibrio de energía en la parte respectiva del cuerpo, lo que hace necesario concentrar allí el masaje. El tratamiento suele distribuirse en sesiones de una hora de duración, primero cada semana y luego cada dos o tres. Los padecimientos específicos requieren casi siempre de seis a ocho sesiones en total. En cualquier caso, si después de la tercera sesión no se experimenta alivio y una sensación de bienestar general, se hará bien en buscar otro tipo de atención. En ciertos casos los síntomas se exacerban temporalmente después del tratamiento, lo que puede indicar una reacción curativa del cuerpo. En esos casos conviene esperar un tiempo razonable y, si al cabo de él no se producen los resultados apetecidos, abandonar definitivamente la reflexoterapia para no complicar las cosas.


El punto de vista ortodoxo sobre la reflexología como terapia manual alternativa.

No se han realizado suficientes experimentos clínicos para demostrar las virtudes curativas que se atribuyen a la reflexología; sin embargo, es posible que la estimulación de las plantas de los pies tenga un efecto relajante sobre la salud y el bienestar, y nunca es perjudicial, salvo en los casos en que se requiere un tratamiento ortodoxo oportuno y éste se retrasa por su causa.

En enero de 1990, un estudio realizado con los pacientes de un hospital público de Manchester (Inglaterra) indicó que la reflexología reduce notablemente la ansiedad y el estrés. Durante el estudio se formaron tres grupos, cada uno de tres ancianos hospitalizados. Un grupo recibió una hora diaria de reflexoterapia, el segundo fue atendido por consejeros, también durante una hora al día, y el tercero sólo recibió la atención rutinaria. Al cabo de una semana se pidió a los ancianos participantes rellenar un formulario en el que debían asignar un valor a su grado de ansiedad en una escala de 0 a 10.

Quienes recibieron rcflexoterapia mostraron un marcado descenso en el grado subjetivo de ansiedad: uno de ellos de 8 a 4, y otro de 5 a 1. Los pacientes tratados por consejeros tuvieron un descenso de apenas uno o dos puntos, y quienes sólo recibieron la atención normal seguían igual o habían empeorado. De las 14 enfermeras que participaron en el estudio, ninguna creía que la reflexología pudiera ser de utilidad: después del estudio, 12 de ellas se convencieron de que sí lo era.

Nota Importante:

El Consejo Profesional de Terapeutas le recomienda que se asegure que su terapeuta cumple con un código ético como terapeuta profesional, y de que cuenta con la formación adecuada en su especialidad, bien sea como especialista en la materia, o incluso como doctorado